El conflicto en Oriente Medio que iniciaron Estados Unidos e Israel con el ataque a Irán ha vuelto a quebrar la unidad en Europa. Mientras que España llama a la desescalada y acusa a esos dos países de haber violado el derecho internacional, Reino Unido, Francia y Alemania han amenazado a Irán con sumarse a la ofensiva para defender sus intereses. La Unión Europea ha tomado una postura ambigua, pidiendo moderación en el uso de la fuerza para evitar una guerra prolongada, pero sin condenar los ataques. Y, como siempre, se desconoce qué hay detrás de estas posturas.
El lunes, Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, retiró en su perfil de la red social X que “la violencia solo genera más violencia”. Sánchez, que ha condenado en varias ocasiones los ataques “unilaterales” de Estados Unidos e Israel contra Irán por violar el derecho internacional, también ha hecho una condena “energética” de “todos los ataques ilegales e indiscriminados” que está realizando Irán contra otros países de la región, como es el caso de Arabia Saudí, Baréin, Qatar, Chipre, Emiratos Árabes Unidos, Irak, Israel, Jordania, Kuwait y Omán. Declaró Sánchez que no es incompatible condenar el ataque de Estados Unidos con denunciar la represión del régimen iraní.
No se están usando las bases españolas
Desde el Gobierno repiten una y otra vez que Estados Unidos no está usando sus bases en España, situadas en Rota y Morón, para su operación contra Irán. Bases que “no se usarán para nada que no tenga encaje en la Carta de Naciones Unidas”, declaró José Manuel Albares, ministro de Exteriores. La postura del Ejecutivo español es de rechazo total a la que la Administración Trump se aproveche del acuerdo con España para atacar Irán.
El primer ministro del Reino Unido, Keir Starmer, sí autorizó el uso de las bases militares en territorio de soberanía británica, como la de Akrotiri en Chipre, que fue atacada por Irán en las últimas horas provocando “daños limitados”. También Alemania decidió abrir su base de Ramstein para la logística estadounidense en su ofensiva con Irán.
La posición de España está siendo de las más duras en la Unión Europea contra Estados Unidos e Israel, como dejó claro este domingo en el Consejo de Asuntos Exteriores que se reunió de forma extraordinaria. Una posición que se pueda comparar con la de Dinamarca, que está en máxima tensión con el gobierno de Trump por su interés en hacerse con Groenlandia, de soberanía danesa. Y también Noruega e Irlanda, como en otras ocasiones, se han mostrado en la línea de defender la legalidad internacional.
La ambigüedad de la Unión Europea
La Unión Europea, por su parte, está manteniendo una posición ambigua, sin condenar la violación del derecho internacional de Estados Unidos e Israel al atacar Irán, pero llamando a la “moderación” en el uso de la fuerza y a una desescalada. Es una postura, considera Irene Fernández, profesora de relaciones internacionales de la Universidad de Exeter (Reino Unido), de “mínimo común denominador” que une a los 27. Es decir, lo mínimo que en lo que todos están de acuerdo, pero que a efectos prácticos conduce a la Unión a la “irrelevancia” en la política internacional, como ya ocurrió con el ataque de Trump a Venezuela.
Más allá de las diferentes posturas que están tomando los países, lo que parece que está claro entre los expertos es que el conflicto en Oriente Medio “puede tener consecuencias imprevisibles y no deseadas” para Occidente. Recalcan que Irán, y sus socios, han ejercido durante tiempo como “eje estructurador de las relaciones internacionales” en el conjunto de Oriente Medio y el norte de África y alertan de que la desestabilización en la zona pueda extenderse a la del Magreb, donde hay otros enfrentamientos como el de Marruecos y Argelia.








