El barrio de Puerta Bonita, en Carabanchel, se convirtió en el escenario de un crimen de los denominados de puerta para adentro. Ni siquiera los que eran compañeros de piso de la víctima y de su asesino confeso conocían el mínimo detalle de la vida del resto, simplemente convivían en una vivienda reformada de 70 metros, en la calle Oropéndola. Fue allí donde los agentes encontraron fallecida a Jennifer Sara S.G., de 30 años y DNI español. Tenía alrededor del cuello la cuerda con la que Jonathan Anderson D.A., venezolano de 20 años, la había estrangulado, tal y como reconoció él mismo. Problemas de convivencia fueron el detonante de una discusión cuando ambos se encontraban solos en la casa y que subió de tono hasta acaba en el sexto homicidio en la Comunidad de Madrid en este 2026.
A las 08:30 del lunes, el presunto autor de los hechos se presentó, muy agitado en la comisaría de la Policía Nacional del distrito y ante los agentes dijo lo siguiente: “He matado a mi casera”. Estos le preguntaron si tenían algún vínculo afectivo o lo habían mantenido con anterioridad y lo negó de manera rotunda, invalidando que se tratase de un tema de violencia de género: “Sara es la mujer que me subarrendaba la habitación”.
A pesar de que una vecina de pisos inferiores aseguró a los agentes que escuchó “un fuerte golpe” sobre la media noche, incluso llegó a pensar que estaban intentando entrar a robar, las primeras investigaciones apuntan a que la muerte se debió de producir poco antes de la confesión de Jonathan Anderson. El piso en el que ocurrieron los hechos cuenta con un pequeño pasillo nada más abrir la puerta, con el acceso a la sala y a otro cuarto al fondo de esta; y un dormitorio a la izquierda; y otras dos habituaciones en la derecha. En ese lado, al fondo, estaba la de Jennifer Sara. Su cuerpo yacía sobre la cama.
Una discusión, el motivo inicial del asesinato en Carabanchel
Fuentes próximas a la investigación aseguran que todo apunta a que se produjo una discusión, como el propio sospechoso explicó, probablemente por el impago del alquiler a Sara u otro problema de convivencia. Una tercera moradora del piso informó de que ella trabajaba de siete de la tarde a siete de la mañana y que, por eso, en el momento del suceso no se encontraba en el lugar. Tampoco el cuarto inquilino. Pero que en los cuatro meses que llevaba en la vivienda no se habían producido discusiones, que ella supiera. Lo cierto es que esta mujer no sabía ni el nombre de los otros dos varones con los que convivía, solo el de Sara: “El piso es de una empresa, que es a la que yo le pago la renta”.
La vivienda había pertenecido con anterioridad a un matrimonio, que regresó al pueblo de Cuenca desde el que llegaron a Madrid a vivir. Vendieron el domicilio y desde hace unos años el piso se había convertido en un ir y venir de inquilinos, como aseguran los vecinos: “Al principio, pensé que era un piso turístico, porque se quedaban incluso por días; luego, el trasiego ha sido también muy importante, pero de estancias más largas, sobre todo de personas hispanoamericanas”, decía una mujer del bloque contiguo.
Nadie conocía a nadie, aunque era una finca con pocos residentes y pequeña. Lo que se conoce es que Jennifer Sara, la casera, estuvo trabajando en una agencia inmobiliaria que tiene varias sucursales por la capital. Otro de los motivos que habla de la extrañeza de este caso es que ocho horas y media tardó el furgón fúnebre en recoger y trasladar el cadáver de la mujer asesinada en Carabanchel.








