Un jurado popular declaró este martes culpable al hombre acusado de asesinato, en enero del 2024, del canónigo emérito de la Catedral de Valencia, que contaba con 80 años y cuyo cadáver fue encontrado en su cama y con signos de violencia por asfixia. De acuerdo con el veredicto que se hizo público en la Audiencia de Valencia, los miembros del jurado, por mayoría de siete votos a favor frente a dos en contra, consideraron que el acusado, que fue detenido como sospechoso del crimen y está en prisión provisional, es culpable de la muerte del canónigo de acuerdo con otra persona, que no fue identificada, que fue la autora material del hecho.
El jurado ha considerado que hubo un plan preestablecido para ir al domicilio de la víctima y apropiarse tanto de su teléfono como de otros objetos de valor. También considera probado que la muerte por asfixia del sacerdote no fue de manera accidental y que la hora en la que la misma se produjo coincide con el posicionamiento del móvil del acusado, por lo que estaba en el lugar de los hechos.
También por siete votos a dos, el jurado considera al acusado culpable de quitarle la vida al canónigo a sabiendas de que por la condición física del sacerdote, de 80 años no tenía posibilidades de poder defenderse.
Retirada de dinero en cajeros y compras con las tarjetas del canónigo
Otra de las conclusiones a las que llegó, por unanimidad, el jurado fue la de considerar que el acusado es culpable de haberse apoderado, junto a la persona que dio muerte al canónigo, de las tarjetas y el teléfono móvil de la víctima para obtener beneficios económicos. Así lo demuestran las imágenes que se aportaron a la causa, en las que se le ve haciendo cuatro reintegros en cajeros y varias compras. Desde el jurado se acordó, también por unanimidad, que no se proponga al Gobierno el indulto de pena ni beneficios penitenciarios.
La condena del fiscal, casi 30 años
Después de la lectura del veredicto, el fiscal pidió de nuevo para el acusado, que conocía al canónigo porque tenía una relación de amistad desde hace meses y estaba acusado de matarle tras haber accedido a su vivienda en compañía de otra persona no identificada, 20 años de prisión por el delito de asesinato, cinco años por robo con violencia y otros tres años de cárcel por delito continuado de estafa.
Por su parte, el abogado de la defensa planteó que se dictase una pena moderada dentro del margen que la ley lo permita. Durante todo el tiempo de celebración del juicio, la defensa ha mantenido que “no existía ninguna huella del acusado, ni rastro alguno de su ADN en la vivienda” y que los hechos son constitutivos de un delito continuado de estafa, pero no existe una responsabilidad penal por la muerte del sacerdote. Por todo, la defensa pedía una condena de un año de cárcel.
Una ‘vida oculta’ por parte del canónigo
La muerte de A.L.B puso de manifiesto que el sacerdote emérito de la Catedral de Valencia podría haber mantenido una ‘vida oculta’ alejada de la espiritualidad y ejemplaridad que se le presuponía como religioso, cuyas consecuencias podrían estar estrechamente relacionadas con su muerte.
De acuerdo con las averiguaciones realizadas por los agentes policiales y el relato de los vecinos, así como del conserje del edificio, situado en pleno casco histórico de la capital y a escasos miembros del Palacio Arzobispal y la Catedral, el canónigo supuestamente solía mantener relaciones sexuales con varones a cambio de dinero.








