Si el mundo del campo quería demostrar que su paciencia se ha agotado, lo demostró con creces este jueves en una jornada de movilización agraria sin precedentes en los últimos años y que fue bautizada por las organizaciones que la convocaron (Asaja, COAG y UPA) como Súper Jueves. Las cifras de la organización dicen que más de 25.000 agricultores y ganaderos, apoyados por una flota de 15.000 tractores, tomaron las calles y las carreteras de numerosas ciudades española para lanzar un claro y definitivo mensaje a las autoridades: o se protege el sector primario o el campo español se apaga.
La protesta, coordinada en “unidad de acción” por las tres organizaciones profesionales agrarias ha sido el punto álgido de una semana de movilizaciones que comenzó el pasado lunes y que el jueves alcanzó su máxima intensidad. De Galicia a Andalucía, pasando por el corazón de la meseta y el litoral mediterráneo, se dejó claro el rechazo frontal al acuerdo comercial con Mercosur y la exigencia de frenar los recortes en la Política Agraria Común (PAC).
Movimiento por todo el país
El mapa de las movilizaciones mostró que el mundo del campo está en tensión debido al acuerdo con Mercosur. En Castilla y León el seguimiento del Súper Jueves fue masivo. Los datos recogidos aseguran que más de 2.500 tractores congestionaron la circulación en seis capitales de provincia. De esta manera, en ciudades como Valladolid, León y Burgos las columnas de maquinaria agrícola se adueñaron del asfalto, convirtiendo los centros urbanos en un escaparate de la indignación rural.
En la Comunidad Valencia la protesta tuvo un marcado acento mediterráneo. Unos 200 tractores marcharon por la capital, poniendo el foco en la citricultura y la competencia desleal, mientras que en Alicante los agricultores bloquearon puntos estratégicos. En la “huerta de Europa, Andalucía, las tractoradas se repitieron en casi todas las provincias, aunque las inclemencias meteorológicas obligaron a suspender algunos actos en Sevilla. A pesar de ello, la fuerza del sector se hizo notar en Almería, Málaga y Jaén, donde miles de olivareros y hortelanos secundaron el paro.
También Madrid, que suele ser ajena a la realidad agraria, fue escenario de una acción simbólica pero potente. En la Puerta del Sol las organizaciones repartieron un “cocido reivindicativo” para concienciar a los consumidores de la capital sobre la importancia de la soberanía alimentaria y los riesgos de depender de importaciones de terceros países.
Mercosur, el detonante
El motivo de este estallido social tiene nombre propio, Mercosur. A pesar de las últimas noticias sobre la paralización del acuerdo en el Parlamente Europeo y su remisión a la justicia comunitaria, los agricultores de nuestro país no se fían.
Los portavoces nacionales repitieron una vez más que no pueden competir “con una mano atada a la espalda” y coinciden en señalar que el tratado, tal y como está planteado, es una sentencia de muerte para sectores clave como la ganadería vacuno, el azúcar o los cítricos.
La reivindicación central es la reciprocidad. El sector exige las famosas “cláusulas espejo”, mediante las cuales cualquier producto que entre en la Unión Europea debe cumplir exactamente con las mismas normativas fitosanitarias, laborales y medioambientales que se exigen a los productores europeos. La entrada masiva de alimentos de Sudamérica, con estándares más bajos, se percibe como una competencia desleal y que no se puede asumir.
Pero no es Mercosur el único enemigo. También se apunta a Bruselas por la nueva Política Agraria Común (PAC). Los agricultores denuncian que la actual PAC impone una “arquitectura verde” que prioriza el medioambiente por encima de la rentabilidad económica, imponiendo eco-regímenes complejos y costosos sin aportar el presupuesto necesario para sostenerlos.








